
PUNTO Y APARTE//
A. DÍAZ//
Claudia ganó…pero…//
Quien salió victoriosa de la contienda interna, entre las 6 “corcholatas”, pertenecientes a Morena y sus 2 partidos aliados; ganó, y al parecer, lo logró bien. Empero, a vista de muchos, hay “asegunes”, que impiden cerrar las heridas de esa pequeña “guerra”, y, que dificultan su “cicatrización”.
Aunque siempre resultará difícil y complicado, atender dichas heridas; en cualquier verdadero deseo de reconciliación y/o negociación política, no bastará declararlas y tomarse la foto, agarrados de las manos, y sumarse, incondicionalmente, a la ganadora. Todos, deben buscar el perdón mutuo y restablecer lo que no está conciliado.
Ello, partiendo del supuesto histórico, de que la política, como arte, busca conciliar intereses encontrados. En tal contexto, hay que balancear “las razones” que provocaron la guerra. Cualquier cosa distinta, no dejaran ser más que buenas intenciones, sin efectos reales.
Es entendible que cualquier proceso de reconciliación/negociación política, nunca será instantáneo e inmediato. Siempre pasará por un intercambio de ofertas y demandas, con sus respectivos reclamos y razonamientos.
Sin embargo, a Morena, y a la “corcholata” ganadora, les debería urgir cerrar dicho proceso, so pena, que lo pretensos reconciliados, dejen de interesarse en ello.
Pareciera que, para varios de los triunfadores, el ganar todo, es su bandera; y, no, la de ganar-ganar; donde todos queden satisfechos, después de que, ambos bandos, perdedores y ganadores, sacrifiquen parte de sus ofertas y demandas.
No debe quedar espacio para ganadores mezquinos y soberbios, ni tampoco, para perdedores chantajistas y aprovechados. El justo medio, sería lo ideal.
Aún hay heridas profundas y sangrando. Todavía el día del anuncio del ganador de la contienda, proliferaron algunas: el cerrar el acceso al World Trade Center, en cierto momento, a familiares y círculo cercano de las otras “corcholatas”.
Hasta la imprudencia de la tribu ganadora de apartar un restaurante, ahí mismo, donde reinaba ya, antes del anuncio, el triunfalismo y la arrogancia. Brilló por su ausencia, la humildad. Olvidaron aquel viejo adagio, “a enemigo vencido, puente de plata”.
No fue público, pero al momento de anunciar, en lo privado, a la ganadora, abundaron algunas quejas de algunas “corcholatas”: desde la “rasurada” a ciertos porcentajes, hasta la posibilidad de que algunos conocieran, previamente, los lugares exactos donde se aplicaron las encuestas.
Monreal fue el más asertivo, en tales reclamos; tanto que, otro posible quejoso, casi a manera de broma, alcanzó a decir, “ya no dejó nada, para nadie”. Empero, pasado los desahogos, vino el anuncio público, donde todos se tomaron de las manos y sumaron sus lealtades y discursos, a la nueva “Jefa”.
Posteriormente, vino una nueva andanada de “mensajes” en contra de cierta “corcholata”, misma que parecía resurgir. Con ellos, también llegaron los trascendidos, sobre posibles cargos y también, la puntual desinformación. Alguien, no desea o no le conviene, la reconciliación/negociación.
De acuerdo a la doctrina, cualquier negociación política “busca modificar las posiciones de los otros actores políticos, con el objetivo de lograr su apoyo, resolver conflictos u obtener algún beneficio que posibilite el logro de los fines del partido o bancada.”
En una negociación colaborativa, se busca que todos los actores involucrados puedan alcanzar sus objetivos. La idea es ganar-ganar. Todos están dispuestos a escuchar y atender las necesidades de la otra parte. Parece que, para el caso, esa sería la ideal.
En cambio, la negociación competitiva, está centrada en el beneficio personal o del grupo. Se busca la ganancia mayor o total de una de las partes; y la pérdida, de la otra.
En ésta, hay hostilidad y se sigue viendo a la contraparte como rival. Aquí la negociación será incierta y dejará insatisfechos por doquier.
Aparentemente, hubo pre-acuerdos verbales, entre las 5 “corcholatas”, mismas que parecen enfrentar obstáculos para cumplirlos. Algunos de éstos creados, por los que no les convienen los acuerdos. Otros, por la propia naturaleza de los mismos.
En el caso, del tabasqueño Adán Augusto, lo platicado, en los pre-acuerdos, no parece posible. A él le interesaba la dirigencia nacional; no la Coordinación de la Campaña, ya que sería, un simple administrador de las decisiones. Sin embargo, Mario, no coopera.
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