
PUNTO Y APARTE//
A. DÍAZ//
Las Encuestas que vienen//
Los sondeos, encuestas o ejercicios demoscópicos, intentan mostrar un posible escenario, respecto a cada uno de los aspirantes que buscan un cargo de elección popular.
Sin duda alguna, son simples proyecciones, de lo que opina, una pequeña porción de la población, previamente seleccionada.
Empero, no necesariamente será la realidad. En pocas palabras, entre el dicho y hecho, hay un buen trecho, más cuando los ciudadanos han aprendido a esconder su intención del voto.
Lo cierto es que, en tiempos de campañas políticas, como las que ahora vivimos, de manera, evidentemente, adelantadas; las encuestas son visualizadas, como un instrumento para influir en el electorado.
Si los resultados, de ellas, son favorables se busca, ampliamente, difundirlos; ya sea porque se presume el efecto del carro vencedor (la gente vota a ganador), o porque mantienen en alto el ánimo de la militancia, o sencillamente porque buenas encuestas, permiten la llegada de “gentiles” patrocinadores.
En tal contexto, muchos políticos, medios de comunicación y también poderes fácticos, impulsan, procuran y pagan, estudios de opinión pública; con el objeto de influir, mediante su publicación, en la formación de climas de opinión que favorezcan a sus intereses.
Sin embargo, no pasemos por alto que una encuesta, solo toma una fotografía, en un momento y lugares determinados, basados en la muestra que se seleccionó para el levantamiento de datos.
Desde luego que, puede haber desviaciones intencionales en dicho ejercicio, ya que, bajo la apariencia de una encuesta, hay quienes buscan confundir, influir en la opinión o simplemente, desinformar a los ciudadanos.
Por ello, no es descabellado, pensar, el uso faccioso de las encuestas, en las contiendas electorales.
Así, con el poder amplificador de los medios de comunicación, todavía concentrados en pocas manos, las encuestas, pueden servir para intentar direccionar la voluntad popular, en favor del candidato de sus propios intereses.
Tal vez, por dicha razón, las encuestas políticas han perdido un poco de credibilidad, ya que a veces, los resultados, no son tan imparciales.
Además, las encuestas no pueden, ni pretenden predecir, con exactitud, los resultados de unas elecciones; sino que son un instrumento imperfecto e inexacto por naturaleza, que pretende ofrecer una foto fija de los electores en un momento determinado (Anduiza & Bosch, 2012; Ferrandis et. al, 2019).
De hecho, hay, teóricamente, dos efectos del uso de las encuestas que, según los estudiosos, pudiera influir en la decisión del voto, dividiéndose en dos categorías: por un lado, aquellos que movilizan a los electores hacia el partido ganador, llamado efecto bandwagon (McAllister & Studlar, 1991; Schmitt‐Beck, 2015; Stolwijk, 2017); y, por otro lado, el efecto underdog, donde los votantes terminan votando por el candidato o partido más débil (Simon, 1954; Schmitt‐Beck, 2016).
Así, que, no todo ejercicio demoscópico, es realizado para conocer la intención electoral; sino, más bien, es usado, muchas veces, para posicionar en las mentes, de los posibles votantes, el nombre o perfil, de alguien, que, por intereses políticos, es necesario percibirlo como el posible ganador.
Desde luego que funciona, y por eso es usado a destajo; empero, también puede fallar u ocultar la realidad política-electoral de quien, de esa manera, desea posicionarse.
El connotado analista político, Jorge Zepeda Patterson, en su reciente libro, La Sucesión 2024, nos ilustra al respecto, al recordar la lucha por la candidatura a la CDMX, entre Sheinbaum y Monreal, en 2017-18, en la cual, la mayoría de los sondeos daban como ganador a éste último, cuando al final, fue Claudia, a través de una encuesta, quien, finalmente, resultó ganadora.
Hoy, en un entorno de una larga pre-precampaña, evidentemente adelantada, una de las “corcholatas” de Morena, luce como favorita; aunque, al menos de dos de sus contrincantes, pareciera, pueden alcanzarla, faltando un mes y días, de que se haga el sondeo oficial.
Su evidente preocupación y la intensa guerra sucia, contra sus contrincantes, permiten visualizar que pudiera haber un final de fotografía, independientemente, que no sólo será la encuesta, la que defina el ganador o ganadora que se conocerá el próximo 6 de septiembre. La tortuga aún tiene sangre. Hay tiro.
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